Me gustan los libros que empiezan con un mapa. Parece que te hablan y te dicen: «mira, fíjate bien, esto y esto y esto te vamos a descubrir, aquí está el río, por aquí la calle principal del pueblo, más allá están la escuela y la iglesia…» y miro el mapa y pienso que unas cuantas páginas más allá los nombres, ahora completamente desconocidos, significarán algo para mí. Situaré a los personajes, sabré quién trabaja dónde y cuánta distancia hay desde la casa del pastor hasta la iglesia. Me haré una idea que será solo mía, pues aunque la descripción sea la misma para todos los lectores, cada uno levantará una distinta en su cabeza, de manera que si llevaran esta novela al cine la mayoría no reconocería el pueblo de la película como el que aparece en el libro. 

También me gustan los libros que muestran el árbol genealógico de la familia cuya historia nos va a ser contada. Hablan de generaciones enteras que van pasando por la vida. Esa niña protagonista que a lo largo de las páginas nos contará la historia de su madre y de su abuela e identificará el linaje del que proviene, el que le da cobijo, el que la define. Y los lectores iremos acomodando en nuestra cabeza a la pareja inicial, después a sus hijos y a los hijos de los hijos y con ellos irá cambiando la sociedad y se irá conformando, quizás, la historia de un país.

Imagen: Young couple in Rome, de Kim English

Deja un comentario

Tendencias