«Yo nunca hablé con acento, quiero decir acento que delatara que pasaba de un idioma a otro. A pesar de que hago de ello un punto de honor -resabios de la buena alumna-, una parte de mí lo lamenta. De chica, recuerdo, imitando a mis tías inglesas, me gustaba decir «Belgraahno», hasta que una tía no inglesa me corrigió para siempre diciéndome que hablaba en cocoliche y que pronunciara bien el nombre de quien era, después de todo, un prócer.
Hablar con acento delata al hablante: no se es de aquí. A veces se es de un allá prestigioso, como el que habla español con acento francés o inglés con acento británico, pero no siempre: a los pocos meses de estar en los Estados Unidos, con mi inglés angloargentino y mi vocabulario un tanto anticuado, no me ubicaron al borde del Támesis sino bastante más lejos: «Are you from India?», preguntaron. Por alguna razón me mortificó la referencia colonial, acaso porque sentí que me disminuía. No era del todo la English girl que creía, en parte, ser.
Al hablar de bilingüismo, Elsa Triolet lo describe como una afección: «Se diría una enfermedad: Sufro de bilingüismo». Pero al mismo tiempo observa: «Hubiera podido abandonar mi acento ruso. Preferí conservarlo».»
Silvia Molloy: Vivir entre lenguas
Imagen: Broadway Trek, 2021, de Kim English





Deja un comentario