México es ese país que limita al norte con EE.UU., ese con el que Trump quería construir un muro y al que ahora le va a colocar unos aranceles del 25%. Pero México es también uno de los países con mayor diversidad lingüística del mundo, algo de lo que, injustamente, no se habla apenas.

Recientemente se ha creado en México el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) que reconoce once familias lingüísticas, a saber: Álgica, Yuto-nahua, Cochimí-yumana, Seri, Oto-mangue, Maya, Totonaco-tepehua, Tarasca, Mixe-zoque, Chontal-Oaxaca, Huave. Solo les suena la lengua maya, ¿verdad? Sí, a mí también.

En México existen entre un 10 y un 20 por ciento de hablantes de lenguas originarias, de una población total de más de cien millones de personas (depende de la política estadística que refleja distintas posturas con respecto a las poblaciones minimizadas), es decir, estamos hablando de entre diez y veinte millones de personas que hablan alguna lengua indígena de México.

Lástima que las lenguas raras no sean un bien tan preciado como las tierras raras.

Imagen: Salut Tom, de Joan Mitchel

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