El jardinero y la muerte es un libro precioso y muy triste también porque cuenta el camino hacia la muerte del padre del autor. Pero a la vez contiene tanto amor que en lugar de sentirte desolado, te sientes lleno de ternura. Les dejo con esta cita tan hermosa:
«Y dejó algo más: palabras suyas que guardo y aparecen inopinadamente, les doy vueltas durante días en mi cabeza. Calmura es una de las más bonitas. Ven, me decía, a sentarte un rato a la calmura. Cal-mu-ra, una palabra con tanta calma que incluso titila suavemente. Se suele percibir con el crepúsculo, al anochecer, cuando el silencio es diáfano y hasta los pájaros se calman y dejan de cantar por un instante. Ven, me dice, a sentarte un rato a la calmura.
Ahora estoy sentado a la calmura, en otro lugar, lejos del lugar de mi padre, y converso con él.
Recuerdo la forma en la que pronunciaba algunas palabras, a veces adrede, a veces por costumbre: debrisa y corriendo en vez de deprisa y corriendo, como si sus prisas fueran brisas suaves, mermielada en vez de mermelada, lo que deja una dulzura fonética mucho más intensa en el paladar… «
El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov
Imagen: Selfportrait, de William H. Johnson




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