Hay palabras que tuvieron otra vida, una vida secreta a la que un día pusieron fin para empezar una nueva etapa. Estaría bien un diccionario de «Palabras que fueron otras» que nos ilustrara de esas vidas pasadas que dejaron atrás. Veamos el recorrido de la palabra martingala.

Según Corominas, la acepción primitiva de la palabra martingala era ‘fondo de una especie de calzas apropiadas para personas con súbitas necesidades fisiológicas’. Al parecer, se tomó del francés martingale, alteración de martigale, ‘del pueblo de Martigue’, en Provenza, cuya situación aislada ha sido causa de que sus habitantes tengan fama de gente rústica, y de que conservaran antiguas vestiduras y costumbres. Por alusión al ingenioso dispositivo de calzas, la palabra tomó en francés el sentido de ‘artimaña’ (o ‘cierto lance en los juegos de azar’), significado que ha vuelto a tomar el castellano desde 1899.

Según María Moliner, martingala designó primero unos calzones de hechura adecuada para permitir la evacuación en una urgencia y después pasó en francés a significar ‘artimaña’, significado que conserva en español.

Si buscamos martingala en Google encontraremos un restaurante en Madrid y una taberna en Zaragoza, pero sobre todo veremos que martingala es un tipo de apuesta en el que cada vez que se pierde se debe duplicar el importe de la siguiente apuesta. Misterios tiene el lenguaje.

Imagen: Open doors, de Vilhelm Hammershøi

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