Hay palabras que nacen inocentes pero que al crecer las va manipulando el diablo. Una de ellas es bárbaro. En un principio, bárbaro solo significaba ‘extranjero’, pero como no hay cosa más grata que pensar que todos nuestros males vienen de fuera, pronto se atribuyó a los forasteros, es decir, a los bárbaros toda clase de… barbaridades. Y así hasta hoy.

«-Bárbaro era una palabra que en griego antiguo se usaba para los extranjeros. Significaba «forastero», vaya. Todos los que no eran griegos, especialmente los persas y los pueblos asiáticos, eran bárbaros. El término fue adoptado por los europeos para llamar a los que no lo eran. Al principio la palabra no tenía un sentido peyorativo. Por ejemplo, su compatriota Heródoto, porque era de Bodrum, empieza su obra con estas líneas llenas de buenas intenciones: «La publicación que Heródoto de Halicarnaso va a presentar de su historia se dirige principalmente a que no llegue a desvanecerse con el tiempo la memoria de los hechos públicos de los hombres, ni menos a oscurecer las grandes y maravillosas hazañas, así de los griegos como de los bárbaros (…) y expone con esmero las causas y motivos de las guerras que se hicieron mutuamente los unos a los otros». Miren, habla de las maravillas llevadas a cabo por los bárbaros. Eso era lo que significaba «bárbaro» en aquella época, pero con el tiempo los prejuicios fueron cargando la palabra con el sentido actual. Como saben, las mayores barbaries del siglo XX, en este sentido de la palabra, fueron desplegadas por la cultura europea, o por culturas de origen europeo.»

Serenata para Nadia, de Zülfü Livaneli

Imagen: Floral Shirt, de Amoako Boafo

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