Hay palabras desdichadas como las flores mustias y palabras misteriosas como los acericos. Hay palabras que cristalizan como la escarcha y otras que desparecen como los lagares. Las hay indolentes como la molicie y también están las apasionadas como los rescoldos. Algunas son añosas como el zaguán y otras cultas como un ábside. Hay palabras a las que les gusta ir juntas como los ramos y las rosas y luego están también las traidoras como la galerna. Algunas son tan extranjeras como un haiku y muchas son evocadoras como el rododendro.
Hay palabras mágicas como una sonrisa. Hay palabras que traen la paz llenando un tratado. Hay palabras que ansiamos oír como una declaración de amor y otras que sellan la reconciliación después de la tormenta. No recuerdo el primer balbuceo de mi hijo, pero recuerdo las últimas palabras de mi padre, aquellas en las que me recordó una vez más cuánto me quería.
Imagen: Lady in a Yellow Dress, de Max Kurzweil




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