Tendemos a pensar, al menos yo, que lo que no vemos no existe. Arundhati Roy estaba desaparecida del mapa desde aquella maravilla que fue El dios de las pequeñas cosas y en mi pensamiento se había desvanecido en el aire. Leo ahora Mi refugio y mi tormenta, una autobiografía, y me doy cuenta de cuántas cosas ha estado haciendo Arundhati Roy aunque yo no tuviera la más mínima idea. Ha hecho cine, ha escrito un sinnúmero de artículos comprometidos, ha sido una activista política cuyas acciones le han llevado a la cárcel (al menos por un día) y ha participado activamente en la vida de su país. Por cierto, su refugio y su tormenta, es decir, la señora Roy, son su madre. Aquí les dejo con una cita de este libro.

«Siempre se me dieron mal la lengua y la literatura inglesas, desde el principio. Nunca entendí las reglas. La señora Roy me acribillaba las redacciones, me ponía un tres sobre diez y añadía comentarios como: «Horrible. Absurdo». Tenía razón. Eran una estupidez total y absoluta. Incluso entonces me daba cuenta de que la lengua en que escribía no era mía. Con «mía» no me refiero a mi lengua materna y con «lengua» no me refiero al inglés, el hindi, o el malayalam, sino a un lenguaje de escritora. Un lenguaje que yo utilizara, no que me utilizara a mí. Un lenguaje en el que pudiera describir para mí misma mi mundo multilingüe. Incluso entonces sabía que ese lenguaje estaba fuera, no dentro de mí. Sabía que no vendría a mí por su propio pie. Tenía que cazarlo, como a una presa. Descuartizarlo y comerlo. Y, cuando lo hiciera, sabía que ese lenguaje, mi lenguaje, facilitaría el flujo de la sangre por mi cuerpo. Estaba ahí fuera, en alguna parte, era un ser vivo, un animal-lenguaje, una cosa con rayas y con manchas que pacía a la espera de la depredadora en mí. Esta era la ley de mi selva. Mi sueño no era vegetariano y no violento.»

Arandhati Roy: Mi refugio y mi tormenta

Imagen: Sunlight in the Blue Room, de Anna Ancher

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