Estoy leyendo Koljós, de Emmanuel Carrère, voy por el primer tercio así que de momento solo puedo mostrar mi asombro por ese linaje de la madre del autor que es la historia de los últimos dos siglos de Europa. Me ha gustado mucho esta cita que habla de cómo la pareja juega cambiando de idioma y también acerca de las institutrices y la enseñanza de las distintas lenguas.

«Pero la jovencita rusa lo encandila. Él la corteja. Tenían en común que hablaban varios idiomas: él, el ruso, el inglés, el alemán, el francés -el georgiano a duras penas-, y ella, los mismos menos el georgiano, a los que había que sumar además el italiano, ya que se había criado en Italia. Una muchacha rusa de apellido alemán que se había criado en Italia era algo intrigante, seductor. Entre ellos se convirtió en un juego hablar cambiando de idioma, bromeando en una lengua para luego pasar a otra, igual que los acróbatas se lanzan desde un trapecio hacia los brazos que les tienden sus compañeros. Estas piruetas políglotas eran una buena forma de enamorarse. Un día, Nathalie le confió a Georges la historia de las institutrices que se turnaban para que cada día se hablara en casa una lengua diferente. «¿Me estás diciendo que teníais siete institutrices?», preguntó Georges. «Solo seis, el domingo nos dejaban estar en silencio.»»

Koljós, de Emmanuel Carrère

Imagen: De Soirée, de Román Ribera

Deja un comentario

Tendencias