Un hombre, John Ferguson, llega a una pequeña isla para convencer (es un decir) al único hombre que vive en ella de que debe abandonarla, o será desahuciado. Este hombre, Ivar, es uno de los últimos hablantes del nornico, lenguaje que John Ferguson quiere aprender y preservar.
«Al principio John Ferguson no se preocupó; se sentó en el gran sillón de Ivar, pasando las páginas de su glosario, memorizando las palabras y organizándolas en grupos, además de alfabéticamente; palabras relacionadas con el clima y con el agua, con la tierra y con lo que había debajo de ella, palabras de naturaleza doméstica. Rellenó una nueva página dedicada exclusivamente a los sonidos, al hoss y al horl del mar, al yal de las gaviotas, al tusk del viento, al snirk de una puerta.
Repasó un nuevo grupo de palabras que Ivar le había explicado, que tenían un significado doble; palabras que parecían interesar y excitar a Ivar más que ninguna otra cosa, como si nunca hubiese reparado en su riqueza y su versatilidad hasta que empezó a enseñarle su idioma a John Ferguson.
Había explicado, por ejemplo, que su hermano mayor, Hanus, había sido un hombre grande y robusto, y que esa palabra monosílaba, que contenía tanto la robustez como el gran tamaño, significaba también «ola grande».»
Carys Davies: Despejado
Imagen: Memories, de Martyn Harris





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