Cuando en Sarajevo cayeron las primeras bombas de una guerra largamente anunciada, Tijan Sila estaba tumbado en su cuarto escuchando la radio. Tenía 12 años y en la emisora sonaba Suffragette City, de David Bowie.

A partir de ese día nada volvió a ser igual en su vida aunque, como haríamos todos, su afán y el de sus padres fue tratar de seguir con su rutina: ir a la escuela, a trabajar, conseguir comida… Pero todo cambia, ahora hay que bajar al sótano a refugiarse de las bombas, hay que hacer maravillas para comprar un kilo de azúcar o media docena de huevos.

En Sarajevo no solo había que refugiarse de los bombardeos, estaban también los francotiradores y las bandas de delincuentes que trataban de sacar negocio de la guerra. Los padres de Tijan Sila son profesores universitarios, no saben negociar con los señores de la guerra, ni hacer maravillas con un poco de harina. No han sido educados para eso.

Tijan Sila narra el día a día de una población asediada, de una ciudad sin ley, siempre desde el punto de vista de un niño de 12 y 13 años que solo quiere salir con sus amigos y escuchar música.

Radio Sarajevo es un libro muy duro en el que sin embargo me hubiera quedado a vivir, me habría gustado que tuviera 800 páginas para saber qué fue de Tijan cuando su familia huyó y se asentó en Alemania; sabemos que no fue un viaje de rosas, que sus padres no se adaptaron y no les fue bien, pero me gustaría saber cómo fue su juventud, cómo ha llegado a escribir y si lo va a seguir haciendo. Ojalá.

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