«-Nosotros ya hemos vivido nuestra vida, los pequeños no -dijo Zora, una señora de setenta años que vivía en el piso situado encima del nuestro.

Su marido, el ciego Mihajlo, añadió que, además, cada uno de los ancianos había sobrevivido ya a una guerra, y que eso era más de lo que una persona podía soportar.

-Que sea Dios quien decida si voy a sobrevivir a esta mierda -dijo, y concluyó con una de las expresiones más populares en lengua bosnia-: Que venga Dios y me folle.

En mi lengua materna se blasfema con mayor frecuencia y precisión que en alemán. Uno lo hace para rellenar pausas de reflexión, para disimular alguna inseguridad o, como Mihajlo, para dar mayor énfasis a una afirmación. Para ello, en la mayoría de los casos se utiliza un conjuro abstracto que difícilmente puede traducirse al alemán: uno desea para sí o para otros los actos sexuales más insólitos, a veces por rabia, a veces con el mayor de los afectos. Cuando los padres les dicen con cariño a sus hijos Jebo te miš-biribiš, esto significa más o menos: «Que te joda un ratoncito chiquitito». En la traducción esto suena mal y raro, pero en bosnio la frase es cariñosa y divertida.»

Radio Sarajevo, de Tijan Sila

Imagen: Sin título, de Gordon Hunt

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