• No entendí el chiste

    Entender los chistes o la ironía es uno de los más grandes desafíos a la hora de dominar un idioma que no es el materno. Hay tantas referencias cruzadas en un chiste, tanta elipsis que… Seguir leyendo

  • Y tú no tienes corazón

    En el castellano hay tantas expresiones que utilizan alguna parte del cuerpo humano que uno echa chiribitas por los ojos. Tenemos hacer de tripas corazón, comer(se) el coco, caérsele a uno el alma a los… Seguir leyendo

  • Mi niña chiquita sabe leer

    «Sabía. Y lo hacía obsesivamente: buscaba en los libros, como en las sopas de letras, mensajes escondidos; subrayaba en vertical, en diagonal, armaba frases a las que atribuía sentidos disparatados: eran cosas que mi papá… Seguir leyendo

  • Ay, los diferentes

    Le dicen los prudentes que para qué se mete en tantos líos, que ya son ganas, que qué necesidad. Le dicen también los que no tienen tiempo ni paciencia que está quitando el trabajo a… Seguir leyendo

  • Tengo palabras prohibidas

    «No podría reproducir el razonamiento del amor en un texto -reproducir las palabras «ama», «amor», «amar», «amado»- sin empaparme los dedos de melaza. Si quisiera hablar de amor, remplazaría esa palabra por otra. ¿Por cuál?… Seguir leyendo

  • La granularidad de las palabras

    Hay veces en que, en mitad de una conversación, necesitamos definir una palabra para saber lo que significa para nosotros. Sobre todo cuando se trata de conceptos abstractos, es preciso acotar su significado. ¿A qué… Seguir leyendo

  • A qué dedico el tiempo libre

    Hoy me he enamorado de mi profe de inglés, de uno de ellos. Tiene una voz grave con la que dice mi nombre despacito. Suena diferente porque, como es americano, su acento lo cambia todo.… Seguir leyendo

  • Gente leyendo

    Me dice mi hijo, con muy buen criterio, que qué obsesión tengo con la gente leyendo, que hasta a una vecina le he sacado una foto. Joe mi madre, ha visto a la vecina leyendo… Seguir leyendo

  • Palabras tibias y arrulladoras

    «Ionescu señaló las dos sillas situadas al frente de su escritorio. Nos sentamos. Ionescu soltó un par de palabras y tosió. Ovidiu estiró el cuello, alzó el cuerpo ligeramente y empezó a relatarle los hechos… Seguir leyendo

  • La alegría de aprender un idioma

    «Cuando me trasladé a La Haya no hablaba el neerlandés, no tenía más que unas nociones básicas, pero eran tantas las similitudes con el alemán que al cabo de seis meses ya tenía cierto dominio… Seguir leyendo