Hoy el gen Garoña estaba desactivado. Bendito sea el Señor. Mi tía, a veces enfadada con el mundo, se ha alegrado mucho de verme. Hemos salido al jardín, lleno de sillas de ruedas, de familiares… Hay algo extraordinariamente humano en estos sitios donde a primera vista piensas, esto es un aparcadero de futuros cadáveres y luego, pero cuánta gente está con ellos, cómo vienen a verles, a hacerles compañía, cuánto amor se esparce sobre estos huesos doloridos.
Es un poco como en los cementerios, que dan grima y luego piensas, pero cómo hay tantas flores, cómo va ese hombre encorvado a llevar agua a las plantas con tanta delicadeza. Y mientras otros hablan solos frente a una tumba, tú te pones a pensar en la naturaleza humana, en la necesidad de que nos cuiden cuando somos niños y cuando somos ancianos y yo, que veo como se incrementa peligrosamente el número de vueltas que he visto dar al sol, me estremezco y a mi vez pienso que no me gustaría llegar a una edad en la que no pueda cuidar de mí misma, es decir, lo mismo que pensamos todos.
Imagen: Pasajes de San Juan, de Clara Gangutia




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