Me gusta mucho esta cita que habla de inmigrantes, de crear una lengua, de mezclar idiomas y mezclarnos entre nosotros. Y tengo para mí que siempre sale algo bueno de las mezclas.

«Leyendo el anuncio del Centro Märchen, pensé que me gustaría enseñar aquel idioma que me había inventado a niños inmigrantes: una lengua artificial que podía usarse en cualquier país escandinavo y a la que yo en secreto, llamaba panska. Pan en el sentido de «todo» y ska, de «Escandinavia». En Suecia había una danza tradicional llamada polska que, por su nombre, podría pensarse que era polaca, pero en realidad era de origen escandinavo. Mi intención era que el nombre de panska encerrara un enigma similar en ese sentido.

El panska no es un lenguaje creado en un laboratorio ni con un ordenador, sino que lo he ido desarrollando con el uso. Lo más importante es hablarlo a diario todo lo posible, primando la comprensibilidad. Mi gran hallazgo ha sido que el cerebro humano dispone de la función de creación de idiomas. No se trata de escoger uno y estudiarlo con un libro de texto, sino de aguzar el oído para ver cómo lo usa la gente de tu alrededor, captar sus sonidos, repetirlos y sentir el ritmo dentro de ti al pronunciarlos, así es como se crea un nuevo idioma.

En el pasado, los inmigrantes por lo general tenían un único país de destino en mente, y la mayoría se quedaba allí hasta que moría, de modo que, con aprender el idioma que se hablara en el país en cuestión, les bastaba. Sin embargo, ahora los inmigrantes estamos en constante movimiento. Nuestra lengua es como el viento, una mezcla de todos los paisajes por los que hemos pasado a lo largo del camino.»

Desperdigados por el mundo, de Yoko Tawada

Imagen: Pelago Pool, de Holly Osborne

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