Mi hija discute con su marido, madre mía, cómo discuten, saltan chispas, a mí, qué quieres que te diga, a veces hasta me da envidia, qué pasión, que tampoco se faltan al respeto ¿eh?, eso no, pero discutir… que pensarás pues vaya relación de las narices pero, chica, qué quieres que te diga, mi marido y yo ya es que ni a discutir le ponemos pasión, porque es que, total, ¿para qué? si ya sabemos cada uno lo que va a decir el otro, si es que nos ahorramos el trabajo ¿no te parece? lo que pasa es que es triste ¿eh?, es triste porque mira que hablarle más a la tele que a tu marido, eso también… se lo cuentas a un sicólogo y algo tendrá que decirte ¿no? Ya suelo pensar yo y cómo serán esas relaciones que los ves tan contentos y tan relajados, ya mayores digo, ¿qué habrán hecho toda su vida? Porque si han vivido juntos se lo tienen que saber todo ¿no? Tienen que tener otra pasta, tiene que ser gente que no distinga mucho entre aburrirse y estar tranquilo… no sé, que me suelo quedar pensando eso cuando veo un anuncio de un seguro, de esos que los dos tienen el pelo blanco pero parecen súper jóvenes y están contentos y así, y digo yo ¿habrá alguna pareja así?, y ¿cómo lo habrán hecho? ¿Tú conoces a alguien así? Pero, conocer conocer ¿eh? No de que te cuentan la milonga o que aparentan… ¿Qué pasa?, ¿te bajas aquí? Ah, vale, vale, pues nada, mañana nos vemos.
Imagen: Improvisation, de Childe Hassam




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